No tienen a nadie (“martes de la IV semana cuaresma 2012!”)

Bocadillos espirituales para vivir la Cuaresma: Martes de la Cuarta Semana – Ciclo B
Posted on marzo 20, 2012 | Deja un comentario

Flickr: jbarcena“allí estaban echados muchos enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, que aguardaban el movimiento del agua. Estaba también allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, al verlo echado, y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo, le dice: “¿Quieres quedar sano?” El enfermo le contestó: “Señor, no tengo a nadie…” Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y echa a andar”. (Jn 5,1-3.5-16)

“No tengo a nadie”.
No es el único que “no tiene a nadie”.
Hay muchos que no tienen a nadie.
Solo tienen su propia desgracia, su propia parálisis.
Treinta y ocho años allí tirado, y durante todo ese tiempo, no tiene a nadie.
Cuando él va al agua, otros, que tienen a alguien, ya han salido de la piscina.

Hay la soledad que uno busca voluntariamente, como darse espacio a sí mismo.
Hay la soledad que nos viene de los demás:
Que nos excluyen.
Que nos olvidan.
Para quienes no somos importantes o incluso somos una carga.
Lo más triste en la vida es sentir que “no tenemos a nadie” cuando tanta gente pasa a nuestro lado.

Esposos que no tienen a nadie:
Porque viven cada uno en lo suyo.
Porque viven juntos, pero lejos el uno del otro.
Dos soledades paralelas.

Hay hijos que no tienen a nadie:
Algunos ni saben ni conocen a sus padres.
Otros porque sus padres viven su vida y se olvidan de los hijos.
Otros que mendigan en la calle, como si fuesen huérfanos de nadie.
Otros porque nadie se preocupa de ellos.
Demasiados hijos hoy tendrán que decir “no tengo a nadie”.

Hay ancianos que “no tienen a nadie”.
Han engendrado hijos, pero no tienen hijos.
Han dado la vida a hijos, pero se han olvidado de los viejos.
Ancianos que tienen que vivir sus últimos días en el abandono, en un ancianato, que otros se hagan cargo de ellos.
Con qué pena comentaba aquella ancianita: “tengo cuatro hijos, pero vivo como si no tuviese ninguno. Ninguno se acuerda de visitarme. Gracias que ustedes han venido y se han acorado que existo.

Hay enfermos que “no tienen a nadie”
A lo más, algún vecino comprensivo que se acerca.
A lo más, una empleada que le atiende, y muchas veces ni siquiera a tiempo completo.
A lo más, alguno de los ministros de la salud, de la Parroquia que le llevan la comunión y se pasan un rato con ellos.

Tenerlos a todos no teniendo a nadie.
Es lindo el relato que José Luís Martín Descalzo hace del Papa Juan XXII cuando le visitó el jefe de la Iglesia Anglicana. “Ya ve, aquí en el Vaticano hay mucha gente pero vivo solo. En Venecia salía a la calle y me iba de paseo al monte. Aquí me tienen encerrado. No puedo salir porque crearía un alboroto en la ciudad. ¿Sabe cómo me distraigo de mi soledad? Mire. Y le mostraba unos catalejos que tenía sobre la mesa. De cuando en vez, sobre todo por la noche, me asomo a la ventana, y miro imaginándome la vida que camina por las calles”.

Hay muchos que nos necesitan para levantarse: “y no tienen a nadie”.
Hay muchos que nos necesitan para poder andar: “y no tienen a nadie”.
Hay muchos que nos necesitan para sentir que están vivos: “y no tienen a nadie”.
Hay muchos que están a la espera de una palabra de esperanza: “y no tienen a nadie”.

Pensamiento: hay demasiados que tienen una vida paralítica, pero no tienen a nadie que los ponga a caminar.

Clemente Sobrado C.P.

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