Profetismo

CAMINOS PARA UNA VIDA RELIGIOSA PROFÉTICA HOY
Camilo Maccise
INTRODUCCIÓN
La palabra profeta entró, a partir del Vaticano II, a formar parte del vocabulario cotidiano dentro de la Iglesia y fuera de ella. Se aplica a todos los que denuncian las estructuras de poder y dominio; a quienes promueven la lucha por la justicia y se ponen de parte de los pobres; a aquellos, en fin, que viviendo profundamente la experiencia de Dios anuncian el mensaje liberador de Cristo en múltiples y variadas formas.
Cada una de estas aplicaciones responde sólo parcialmente a lo que es un profeta bíblico, porque éste aúna en sí esos diversos aspectos: es alguien que, enraizado en la problemática existencial, descubre a Dios como Ser vivo y, a la luz de esta experiencia, sabe contemplar los acontecimientos de la historia, enjuiciarlos y manifestar en voz alta su sentido, las exigencias de Dios, los fallos del hombre.

El Vaticano II recordó que todos los cristianos, hombres y mujeres, por el hecho de ser bautizados, participan de la función sacerdotal, real y profética de Cristo y que éste, el gran Profeta, “cumple su misión profética… no sólo a través de la Jerarquía, que enseña en su nombre y con su poder, sino también por medio de los laicos, a quienes, consiguientemente, constituye en testigos y les dota del sentido de la fe y de la gracia de la palabra…” . Estas reflexiones doctrinales del Concilio permitieron que, más adelante, a partir de muchísimos testimonios proféticos de cristianos comprometidos en la lucha contra el pecado social en América Latina, el Documento de Puebla pudiera constatar ya, a finales de los años setenta, una intensificación de la función profética en la Iglesia latinoamericana .
La dimensión profética de la vida cristiana tiende a expresarse con mayor fuerza en personas y grupos dentro de la Iglesia. Su historia está marcada por la presencia de profetas que con su vida y su palabra anunciaron el proyecto de Dios y denunciaron todo aquello que se oponía a él. La vida religiosa es, hablando en general, uno de esos grupos en los que la dimensión profética del seguidor de Jesús se ha concentrado con fuerza caracterizante. Desde sus orígenes los religiosos subrayaron el absoluto de Dios y del Reino y, con su vida misma, se convirtieron en signos de Él en la historia. El Vaticano II ha reconocido esta significatividad profética de la vida religiosa cuando, en la Constitución Dogmática Lumen gentium, ha afirmado que ella simboliza, prefigura manifiesta, representa y proclama los valores del Reino, convirtiéndose así en “símbolo que puede y debe atraer eficazmente a todos los miembros de la Iglesia a cumplir sin desfallecimiento los deberes de la vida cristiana” . No hay que olvidar que profética es la forma de vida y no necesariamente todos los religiosos/as. Sin embargo, este estilo de vida debe desafiar a sus miembros para que ejerciten este carisma profético y ofrecerles ayuda y apoyo para que se mantengan fieles a él.
También hay que recordar que en algunas épocas de la historia y aún ahora una excesiva institucionalización de la vida religiosa y la clericalización de la misma la han privado de su fuerza profética. Al mismo tiempo, es importante tener presente que no se puede calificar sin más como profética una actitud desafiante de la autoridad aun en los casos en que ésta tenga razón para cuestionar comportamientos o actitudes claramente erradas.
Nos detendremos a considerar sucesivamente el sentido y las dimensiones de la vocación profética en la Biblia y, la vida consagrada como signo profético en el mundo de hoy.

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